Pedro y las inversiones (…no, perdón, Confiep y el lobo)

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Estaba escribiendo del mercado de capitales peruano y cómo hacerse un billetito extra ahorrando a través de fondos que participen en las lides bursátiles, pero me encontré con un artículo que me recordó una vieja deuda.

El artículo que leí decía que la Confiep y sus agremiados ya nos tienen un poco podridos con la amenaza de que “se detendrán las inversiones” que lanzan cada cierto tiempo a través de los medios de comunicación si es que la posición que apoyan o defienden o representan no resulta favorecida. Y estamos hartos por dos cosas. Primero (y más importante) porque no es agradable que a uno lo estén chantajeando todo el tiempo y amenazando con que regresa la pobreza y se queda sin trabajo. Es cierto que las inversiones son importantes para el país de muchas maneras, entre ellas, porque atraen más inversiones (el dinero, en general, sufre del mismo pánico de que padecen ciertos herbívoros que viven en manadas y que empiezan a corren cuando el vecino lo hace sin importar si corre porque viene un león o porque lo picó un mosquito en un mal sitio). En segundo lugar, porque como en el cuento que musicalizara Serge Prokofiew (recuerdos de la infancia, no pude evitarlo), Pedro y el Lobo, ya les dejamos de creer.

¿Y por qué les dejamos de creer? Para no irnos tan lejos, remontémonos a la segunda mitad del año 2011. El actual Presidente, Ollanta Humala, acababa de ser elegido y ya enfrentaba su primera crisis. El proyecto minero Conga, ubicado en Cajamarca, uno de los más grandes en términos de inversión (US$4.800 millones) y aportes al fisco (otros US$4.000 millones) hasta ese momento, debió ser suspendido por la férrea oposición de los pobladores de los distritos ubicados en los alrededores de donde habría de estar la mina. En los siguientes meses (y cada cierto tiempo) todos los medios de comunicación se dedicaron a cubrir el tema. La mayoría criticaba la inacción del gobierno, lo irresoluto que parecía el Poder Ejecutivo por no poner ‘mano dura’, tildaba a los opositores al proyecto de violentistas anti mineros y de tener “nexos” con Sendero Luminoso… pero, pero que todo eso, era que suspender el proyecto equivalía a suspender las inversiones en minería en el país como un todo.

El anuncio, lo recuerdo con claridad, se hizo público el primer día del CADE 2011 y el comentario general de los asistentes –mayoritariamente empresarios– era que estaba muy bien que el Presidente no los fuera a visitar al CADE Cusco si se estaba incendiando Cajamarca. Los rumores sobre las posibles y ‘terribles’ consecuencias que algo así podría generar para el Perú estaban en boca de todos: “todas estas empresas enormes tienen un pipeline (una lista de espera, para este caso) de proyectos alrededor del mundo. Si un gobierno se pone difícil o hay mucho ‘ruido político’ o ‘incertidumbre’ (esos otros cucos), ese o esos proyectos en ese país se suspenden, van a la lista de espera y se desarrolla alguno en otro país. No nos podemos dar ese lujo”, me dijo un conocido empresario durante el almuerzo. Él sí se lo creía.

Pero vemos que han pasado ya casi tres años desde que se suspendió el proyecto por las marchas que causaron pérdidas irreparables en vidas humanas y nada pasó (ni fue nadie preso). De hecho, dentro de lo presupuestado, este año se empezaron a desarrollar los proyectos mineros de Toromocho en Junín por US$4.800 millones de inversiones y de Constancia en Cusco por US$1.800 millones. Y en fila y por desarrollarse (también este año) está la ampliación de las minas de Cerro Verde en Arequipa por US$4.400 millones más en inversiones. El proyecto de Glencore-Xtrata, las Bambas, ubicado en Apurímac, le fue vendido al consorcio MMG Ltd. Que pagó US$5.858 millones por él. O sea, no solo no se están yendo, sino que siguen viniendo.

¿Qué se suspendieron algunos proyectos como el de Southern? Cierto. ¿Se suspendieron porque lo de Conga introduce impredictibilidad en el horizonte de los inversionistas en el largo plazo? No. Southern lo pateó hasta que las condiciones de los mercados internacionales se estabilicen y el precio del cobre vuelva a subir (si es que sube). Aunque Conga vaya, si el precio del metal a extraer no justifica la operación de la mina, la mina no se explota, así de simple.

Cotización del cobre a febrero de este año.

Cotización del cobre a abril de este año.

“Si el gobierno decide comprar los activos de Repsol, dará una mala señal al mercado y a los inversionistas” dijeron. Esa vez, el mercado, pese a que no pasó nada con Repsol, no se puso a invertir más. ¿O sí? El Estado no lo compró porque según la Confiep era un “huesazo” pero Shell (que abandonó Camisea) se compró el paquete completo y las AFP tenían fondos invertidos en Repsol.

Entonces, ¿de qué depende que los inversionistas vengan o no vengan a invertir? Pues, en realidad, lo único que un inversionista necesita para invertir es la certeza de que podrá recuperar su inversión y generar utilidades suficientes en un plazo determinado. ¿Y la independencia de poderes? ¿Y la institucionalidad? ¿Y las reglas de juego democráticas? ¿Y la estabilidad? ¿Y la buena voluntad del gobierno de turno traducida en predictibilidad? Definitivamente ayudan, pero no son primordiales. Lo que decide una inversión es el tamaño del retorno esperado, nada más. Porque si fuera de otro modo, ¿cómo cabe explicar las inversiones de decenas de ‘respetables’ empresas mineras en territorios gobernados por sátrapas, dictadores sanguinarios, reyezuelos de última estofa y tipos por el estilo en África, por ejemplo?

carlincatura-confiep2Es así en todas partes. Aquí también. Igual que los empresarios peruanos a la hora de firmar tratados delibre comercio. No miran más que el tamaño de la billetera de la contraparte y su espíritu democrático desaparece irremediablemente cuando se estrella con su poder adquisitivo. Por eso es que Nicolás Maduro y los Castro son unas bestias, unos violadores de derechos humanos impresentables que no merecen ni el saludo, sino solo censura y desprecio y, en cambio, cerrar acuerdos comerciales con el Partido Comunista Chino (una dictadura responsable de violaciones sistemáticas y cotidianas de los derechos humanos) y el primer ministro de Turquía (que hoy apoya y entregó a los insurgentes Sirios las armas químicas que mataron a 1.400 personas, entre ellas casi 500 niños en agosto del año pasado) está muy bien. Ellos sí son gente de lo mejor. Lo dice su bolsillo.

Pero ese es otro tema.

China2

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