Lo idiota es tu idea, no (necesariamente) tú

 

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El Monstruo Volador de Espagueti y el traidor.

Si estás firmemente convencido de que tienes derecho a expresar en público lo que opinas, piensas, dices o crees; entonces tienes que estar preparado para que cualquiera en el público te diga que lo que opinas, piensas, dices o crees no tiene sentido alguno, sin importar cuán sagrado lo consideres.

Que pertenezcas o no a una mayoría cualquiera no te faculta, ni a ti ni a tu grupo, a tratar de imponer en la vida ajena aquello que piensan, sienten, opinan o creen por más bueno, necesario o deseable que lo consideren, ni tiene nadie que respetar tus ideas ni tus creencias más allá de la tolerancia. Tolerancia que, en realidad, es una palabra con truco y que usamos mal porque tolerar es siempre, de alguna manera, aceptar algo a regañadientes pues, en realidad, no termina de convencernos. Distinto es asumir ese algo como un igual: eso se llama aceptar. Aceptar que existe, aceptar que tiene tanto derecho como tú a existir y a ocupar el espacio público y de acceder a los derechos y oportunidades a los que accedes tú. Nada menos que eso es aceptar.

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Sí, hay gente que cree estupideces como esta.

En tu espacio privado, mientras no sea ilegal, puedes quedarte sin rodillas rezándole al ser invisible que más te guste o cantarle el arroz con leche a un toro antes de matarlo con un cortaúñas y comértelo con papas fritas, o cocer a fuego lento a un gatito y engullirlo guisado con culantro pellizco a pellizco (siempre que de esto último no sepa nadie, porque pocas cosas indignan más a la gente en nuestro país que enterarse que alguien más come gato).

Hay una distinción que no estamos haciendo a la hora que elegimos (sí, elegimos) ofendernos por lo que alguien más afirma de lo que decimos, pensamos o creemos. El que dice que tu idea, creencia u opinión es estúpida (o que no tiene sentido, que es más o menos lo mismo) no te está diciendo estúpido a ti, ni te está insultando, ni te está injuriando. Porque, te cuento, la injuria es delito, así que si te injurian anda y demándalo. Las ideas que cada uno suelta (habladas, escritas o como sea), una vez dichas, son independientes de cada uno. Para bien y para mal.

Si alguien dice que le parece ridículo creer en un ser cuya existencia no se puede comprobar, no te está diciendo ridículo a ti, que te arrodillas cinco veces al día con tu brújula en la mano a rezar; está diciendo que le parece ridículo creer en eso que tú crees y la manera en la que lo crees. Y no se trata de acciones sin sujeto, como podrían querer pensar algunos que seguramente tiran la piedra y esconden la mano. Sucede que no somos indesligables de nuestras acciones e ideas así como no constituimos nuestras equivocaciones en el momento en que las perpetramos, ni antes ni después.

En el extremo, todo es ofensivo para alguien: “la verdad”, “la mentira”, “la sugerencia”, “la duda”, “la felicidad” y “la risa” (tantísimo) pero, sobre todo, la crítica en forma de sorna. Son muy raras las ocasiones en las que se hace escarnio gratuito de algunas de estas cosas que pensamos, decimos o creemos; la burla o la ridiculización aparecen cuando pretendemos fundamentar, explicar, defender o justificar creencias o convicciones personales forzándolas en el espacio público. ¿Cómo? Por ejemplo, poner una cruz en un tribunal de justicia o cosas incluso más serias con implicaciones peligrosas y potencialmente nefastas como, por ejemplo, intentar definir la vida o determinar el futuro de una niña a partir de una tradición basada en un libro apócrifo de más de 1.500 años. Tu derecho a defender lo que crees en el espacio público es exactamente el mismo que tiene el resto de burlarse de ello o de descalificar tus justificaciones en el mismo ámbito.

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“Odio la palabra homofobia. No es una fobia. Usted no está asustado. Usted es un estúpido.”.

Las personas solemos asumir personalmente -y de muy mala gana- las críticas contra lo que pensamos como si nos estuvieran criticando a nosotros. Y no pues, no es lo mismo. Insinuar que aquella historia de María con el ángel anunciador y el Espíritu Santo convertido en pajarito era un cuentazo para lijarle los cuernos a José, no es como mentarle la madre a alguien por más que ese alguien sienta que es igual. Porque no es pues, no es, y si no, que lo diga un juez.

¿Eres lo que sientes? ¿Eres lo que piensas? ¿Eres lo que dices? ¿Eres lo que crees? No, eres lo que haces sobre todo cuando lo haces consistentemente. Eres eso que no puedes dejar de ser aunque quieras: no puedes dejar de ser blanco, rojo, amarillo, negro, homosexual, heterosexual, indio, chino, discapacitado, peruano, chileno (respecto a estos dos hay opiniones…), cristiano, musulmán, judío o lo que sea. ¿Te das cuenta de la diferencia entre burlarse de una persona y un estandarte? Y nadie puede burlarse de quién eres, pero de tus ideas, en particular si se las quieres imponer al resto, por supuesto que se pueden burlar, que saquen su tícket y hagan su cola.

Así como nadie debería meterse a tu templo, iglesia o centro de adoración a decirte cuán tonto le parece lo que crees y haces, no puedes meterte tú a imponer tus convicciones en la vida de los que no comparten lo que crees. Es reciprocidad pura, ni siquiera tolerancia. Es asumir que todos somos iguales y que sea lo que sea que cada persona cree tiene el mismo valor que lo que cree tanto uno mismo como el vecino. Marcianos, Alá, Papalindo, Nessie, la Gran Mandarina o el monstruo espagueti volador; da igual mientras lo que crea lo crea en su casa y espacio privado y respete el espacio público que es de todos.

Que algo -lo que sea- una creencia o costumbre, sea vieja y masiva no significa que sea buena, ni justa, ni adecuada. Solo significa que es vieja y masiva. ¿Así como era con la esclavitud antiguamente? Así, igualito.

Claro, es más complicado cuando tu creencia te dice que es la única de verdad y que todos los demás están equivocados. Y afirmar que todos los que no piensan como uno son unos apóstatas zopencos pobrecitos que arderán por siempre en las llamas del Hades al lado de Baphometh también es violencia. Sí sabes, ¿no?

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“Dios odia a los maricas” “Tu pastor es una prostituta” “Dios odia tus lágrimas” “Gracias a Dios por los soldados muertos”, parece que Dios es una persona muy enojada, pero sobre todo muy violenta…

Si te mortifica que alguien se meta con tu fe, combátelo en el frente de las ideas (una creencia es una idea asumida como una verdad sin posibilidad de ser objetivamente demostrada, siempre, pero una idea al fin), debate, fundamenta, replica en las mismas condiciones. Incluso demándalo si sientes que te ha ofendido y personalmente vejado y exige rectificación y hasta reparación en metálico si te da la gana. No te piques y no pidas censura porque sucederá -puedes estar seguro de ello- que si te hacen caso, no pasará mucho tiempo hasta que a alguien más le parezca blasfemo y ofensivo lo que tú dices, piensas o crees y entonces alguien más pedirá que te censuren a ti. Ten la seguridad de que lo harán.

Ser políticamente correcto[i] no es un valor, es una necesidad para la convivencia cuando el statu quo peligra (¿nos gusta el statu quo?). La libertad de expresión, en cambio, sí lo es. ¿Y sabes por qué? Porque esta se destruye por completo donde la anterior solo se despostilla; porque ser políticamente correcto es una decisión y la segunda un derecho fundamental que debería ser irrenunciable no solo por el derecho que tiene cada uno de decir lo que piensa si no también y sobre todo, el derecho que tienen los demás a escucharlo, verlo u oírlo, es decir, el derecho a conocer.

Y el asunto con los derechos a medias es que son como dios: en realidad, no existen.

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¡Bendíceme, oh Baphometh, ilumíname con la naturaleza melancólica de la duda infinita!

(Publicado originalmente en marzo de 2015)

[i] Lenguaje, ideas políticas o comportamientos con los que se procura minimizar la posibilidad de ofensa hacia diversos grupos. Afirmar que dios no existe puede ser políticamente incorrecto pero nadie puede ni debe ser reprimido por afirmarlo. Afirmar que hay que perseguir, apresar o matar a los cristianos es delito (y de imbéciles) y sí debe ser perseguido y reprimido. ¿Se entiende la diferencia?

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Acerca de Luis Davelouis

Pregunta. La primera vez es gratis.
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