Censuras Tácitas

La “polémica” carátula que no se burla de una discapacidad; solo grafica que el Presidente de Congreso tiene a la china del pescuezo. 1. Si el presidente del Congreso fuera el ex congresista José Luis Risco y la mano que acogota a la china fuera negra, ¿diríamos que se están burlando de que Risco es afroperuano? 2. En su campaña política Galarreta decía “a mí nadie me rompe la mano” aludiendo a su discapacidad.

El presidente del Congreso, el fujimorista Luis Galarreta, se quiere bajar a Caretas llamando a un boicot contra la revista que alberga la columnas de un personaje ficticio llamado Lorena Tudela Loveday, mejor conocida por su alias, China Tudela. ¿Por qué se la quieren bajar? Porque se metió con quien no debía.

La China pertenece a la clase social más acomodada de Lima, es blanca, tiene plata, instrucción, mundo y está mejor relacionada que la Reina de Inglaterra. Pero también es racista, clasista y un poco machista pese a haber sido abanderada de las causas feministas -eso sí, con charm- desde el colegio. Y a sus casi 50 años sigue siendo inocentona y se le sigue paseando el alma como cuando tenía 20 y su novio de entonces, Pepe del Salto, le sacaba la vuelta hasta con la servilleta.

Algunos piensan que la China es anacrónica y debe desaparecer, que ha perdido gracia -si es que alguna vez la tuvo- y que con el paso de los años se ha convertido en un desfogue de los odios y antipatías de su creador quien, además de machista, es misógino, clasista, racista y, además, hoy es un viejo amargado. Para estas personas, Rafo es la China y no hay más. Otros, en cambio, pensamos que el personaje siempre ha sido así y que, en efecto, en estos tiempos de escaldaduras perennes, sensibilidades teratológicas y corrección política tendiente al buenismo facistoide, la china está en off side hace años y sí, los años le han quitado filo y frescura. Pero, ¿a quién no?

“Solo insulta, no aporta nada, hay que convertir a León en un ejemplo de lo que no debe ser tolerado”. ¿Sí? Bajo ese criterio hay que cerrar el Congreso mañana o evacuar a más de la mitad de sus ocupantes actuales. Pero sigamos. ¿Y qué cosa exactamente es eso que no debe ser tolerado? “La injuria, el maltrato y todos los -ismos que el autor de la china destila a través de su personaje”. ¿En serio?

¿A dónde nos lleva todo esto? A mí me puede joder y, de hecho, me joden montones de las cosas que se dicen de mí y de un montón de gente a la que admiro, aprecio y quiero, y puedo considerarlas injuriosas y hasta difamatorias. Pero para eso están los tribunales (no es la Suprema de EE.UU., pero qué hacemos, es lo que hay).

Me gustaría decir esto, sin embargo: Por lo general, la injuria y la calumnia no admiten dudas sobre su naturaleza, porque en el extremo nunca son difíciles de identificar. Por ejemplo: “eres un cholo de mierda malparido, en mala hora que a los protocaviares esclavistas les diera por eso de los derechos humanos, estarías muerto, pedazo de mierda”. No hay dudas allí, como no las habría si alguien llama a cualquiera, “miserable ladrón de siete suelas”. Y aunque lo fuera, la difamación es bastante clara.

Pero muy rara vez es así. Y por eso quien se siente agraviado tiene las vías legales para presentar su demanda y exigir rectificación y, si cabe, pena y compensación. Es también por eso que la injuria, la difamación y la calumnia son delitos que no se persiguen de oficio. Es decir, si no demanda el que se siente agraviado, no demanda nadie. Eso no pasa con un secuestro o con un asesinato porque son absolutamente objetivos.

Si la subjetividad de cada individuo basta para eliminar algo por incómodo u ofensivo, sea amigo o enemigo, más pronto que tarde el oficio de escritor o periodista no tendrá valor alguno porque no será posible ejercerlo sin romperle la cristalería a alguien. Siempre alguien se sentirá ofendido en lo más profundo de su ser por lo que para otro constituye la nimiedad más miserable o el derecho de expresar disconformidad con un hecho, idea o creencia; incluso burlándose de ellos.

Una cosa es que no te guste y otra, muy distinta, que su naturaleza injuriosa constituya una amenaza a la sociedad. Me puedo ofender porque me dicen gordo, porque me dicen cholo, porque me dicen burro, porque me dicen feo, porque me dicen ateo, porque me dicen ignorante, porque me dicen caviar, porque me dicen proterruco, porque me dicen maricón, o porque dicen que lo que escribo lo puede escribir cualquier día un mono en vodkas. Da igual. Nada de eso contribuye a pauperizar a la sociedad de manera importante y, en todo caso, si lo hace, el costo de impedirlo con alguna medida coercitiva del tipo que pretende Galarreta es demasiado alto en comparación. Si afectan mi honor acusándome de un delito o falta, por ejemplo, entonces sí, ahí nos vemos en el Poder Judicial. Pero es distinto. Tampoco puedo afirmar que si me insultan a mí están insultando a todos los hombres, ni a todos los periodistas, ni siquiera a todos los que pensamos o nos vemos como yo. No, es solo a mí. Si yo fuera un político, aun menos espacio para quejarme tendría.

Cuando la revista Hustler publicó la falsa entrevista al reverendo Jerry Falwell, en la que él describe su primera borrachera con encuentro sexual incluido, en medio del cual copula con su propia madre (a la que además llaman fea y gorda), Falwell se sintió injuriado, difamado y calumniado. Y con razón, ¿cierto? Hablamos de un religioso, de un pastor bautista conservador al que algo como eso puede destruirle ya no el ánimo, ya no las ganas de salir a la calle; no, objetivamente le puede destruir la vida. Pero adivinen qué… la Corte Suprema de Estados Unidos dijo que Flint podía burlarse de lo que le diera la gana. Y más aún mientras eso que dijera fuera, de alguna manera, inverosímil. La corte daba por hecho que nadie, ningún lector, podía pensar que fuera cierto lo que la revista esa publicó. Qué alucinante, ¿no?

El precio de la libertad es alto y solitario. O lo pagamos todos juntos o todos juntos nos ayudamos a ponernos los grilletes a la altura que le parezca al censor de turno según el día de la semana. Porque me parece que inexorablemente estamos yendo en esa dirección. Después de eso, ¿quién se atreverá a decir lo que nadie más se atreve a decir o a señalar lo que nadie más se atreve a señalar? Y más importante, ¿cómo, si quienes piensan parecido ya decretaron que eso no se dice, aunque sea cierto, porque podría ser injurioso para “alguien”?

Me parece que de lo que se trata es de burlarse del poder, independientemente de quién lo detente. Y claro, ¿qué puede criticar la China Tudela? No va a criticar, por ejemplo, que una determinada congresista no sepa quién es Kierkegaard, porque los que leen a la china tampoco saben y ella… pues ella vio una vez el nombre en un crucigrama del NYT y se fue rauda a buscarlo en Wikipedia. No more. Puede criticar -se puede burlar de- que Cecilia Chacón fuera elegida presidenta de la comisión de presupuesto aunque no supiera de qué se trata y que hizo roche cuando se lo hicieron notar. (¿o no puede criticar eso tampoco?).

Puede criticar que alguna mujer que se dedica a la política es dueña de un portentoso ímpetu y un gesto de emperatriz inca pero con los modales de la mona chita o de un pescador artesanal o de un jabalí resfriado. ¿Con cuál se ofende menos? ¿cuál no agrede su condición de mujer y, por lo tanto, a todas las mujeres? ¿Cuál te da risa? ¿Cuál dejarías que use la China Tudela? La China Tudela es una mujer tremendamente frívola. E idiota. ¿Y en qué se fija alguien así? ¿Se fija en las frases de cada persona para saber qué diría algún psicoanalista regio de los padres del observado? ¿Se fija caso en la corriente antropológica que explica por qué algunos congresistas no caminan en cuatro patas para no mancharse la corbata con las dos de adelante?

Una cosa no quita la otra, pero ayuda, sí, a poner algunos elementos en perspectiva. Así se ha referido (y refiere) León a otras personalidades, algunas de ellas, con tanto poder aún que ni siquiera los investiga el Ministerio Público y los medios de comunicación no los toca. Solo la China.

El cholón Ugaz, el viejo verde Arriola y feo de Ántero, el vejete carcaman lelo y memo de PPK, el borracho chusco (y hoy choro) Toledo, la pedante y antipática y pretenciosa y huachafísima Eliane Karp (miss carrot). El guata-de-bodega-de-bolichera del Alan García.

“Porque insisto, o sea, si de lo que se trata es de buscar vacas sagradas que traten periodísticamente temas, así, o sea, súper fresh, qué tal si ponemos por ejemplo al cara de flato, monrero currupantioso, zanguangón, huevas tristes, bola floja, mamertón, arrimado, trepón, cagacianuro del Alan García a escribir todas las semanas las páginas de decoración.

El único problema, pucha, sería que habría que poner una docena de tiras y otros tantos guachimanes a las casas en las que haría los reportajes, porque el zafio, hediondo, grasa cortada, pelota de basura, grandazo por las puras del tal Alan, hija, debe ser de los que se tira hasta los ceniceritos de plata de las casas decentes; y si no crees, pucha, piensa en que si en cinco años se alzó con la industria, la pesca, los transportes y comunicaciones, la energía y minas, la salud pública, el fomento, la economía y finanzas, la hacienda, la chacra y hasta la tierra de la maceta, va a estar parando mientes frente a un bibelot ajeno.”

¿La China Tudela piensa parecido a Rafo León? Difícil creer que no. ¿Rafo León y la China Tudela se fijan en las mismas cosas y consideran los mismos rasgos para evaluar caracteresy comentarlos? Difícil creer que sí. ¿Son León y Tudela la misma persona? Voy a contestar eso con otra pregunta: ¿Es Humbert, Nabokov?

Entiendo que le puede pasar a mis hijos. Y no sé si seguiré pensando igual cuando suceda con ellos. Pero hoy, que puedo expresarme con una libertad que no poseo, esto es lo que me parece y me preocupa.

 

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Acerca de Luis Davelouis

Pregunta. La primera vez es gratis.
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